No nos quedamos quietos

sábado, 20 de junio de 2009

Nunca es triste la verdad...lo que no tiene es remedio


Gritos y susurros ( de Critica digital)
Diego Schurman

La primera y gran rebelión agraria de pequeños arrendatarios se remonta a 1912. Los contratos para la explotación de la tierra y el costo de las herramientas para trabajarla eran desmesurados. Y aunque las cosechas eran formidables, los trabajadores del campo no lograban ni algo parecido a un salario digno.

La huelga rural fue inevitable. Se propagó desde la Sociedad Italiana de Alcorta, Santa Fe, hacia toda la región pampeana. Esa protesta, que se conoció como “El grito de Alcorta”, dio origen poco tiempo después a la Federación Agraria Argentina (FAA), la organización gremial más representativa del sector.

A lo largo de su existencia, la FAA logró mejorar las condiciones laborales de los campesinos, explotados históricamente por los dueños de la tierra. Por eso causó estupor que Alfredo De Angeli, en vez de levantar la voz de los excluidos y pregonar contra el elevadísimo trabajo en negro e infantil que hoy registra el campo, promoviera que los patrones digiten el voto de sus empelados.

¡¡¡¿Cómo?!!! Sí, sí. El titular de la FAA de Entre Ríos consideró que los productores debían ir obedientes a sufragar por el candidato que le ordenara el patroncito. “Hay que juntar a los empleados en las estancias, subirlos a la camioneta y decirles a quién votar”, fue el textual con reminiscencias feudales.

De Angeli terminó legitimando aquel discurso oficial que tildaba la protesta agraria como un “lock out” patronal. Ya había hecho lo propio días atrás cuando, haciendo honor al “ánimo destituyente” denunciado por la Casa Rosada, llamó a juntar firmas para adelantar las elecciones presidenciales sin explicar a cuenta de qué.

De esta forma, los gritos del Melli, que no son los de Alcorta, aportarán nuevos argumentos para la campaña del susurrante Néstor Kirchner.

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Entre estos tipos y yo hay algo personal